EL ARTISTA

Cyril Joseph

Fotógrafo de naturaleza y Fine Art · Autor · Panamá

Cómo empezó

Cyril Joseph creció en Panamá, en una casa rodeada de libros de ornitología y con una cámara Canon que heredó de su padre. La fascinación llegó por dos vías: las páginas de aquellos libros y la pantalla del televisor, donde National Geographic y Daktari — la serie de CBS ambientada en un centro de estudio del comportamiento animal en África Oriental, cuyo título significa «doctor» en suajili — le enseñaron a un niño panameño que existía un continente donde la vida salvaje era la protagonista.

Sus primeros pasos los dio en la fotografía de calle y el paisaje, ya con una Pentax entre las manos, en la década de los ochenta. Los estudios superiores y una carrera en el desarrollo de software pusieron el arte en pausa — aunque nunca del todo: la misma precisión con la que se diseña un sistema termina educando la mirada. En 2007 volvió a la fotografía para no soltarla más. Hoy trabaja con equipos Sony y Fujifilm, pero la Canon de su padre sigue siendo el origen de todo.

Qué fotografía

Animales que no se dejan ver fácilmente. Paisajes que parecen pintados. La hora azul, la hora dorada, la niebla antes del amanecer.

Su trabajo se despliega en cuatro disciplinas — vida salvaje, paisaje, fotografía de calle y retrato — bajo un mismo lenguaje: el Fine Art. Cada imagen se revela en giclée de archivo sobre papel de algodón, en ediciones limitadas numeradas, firmadas a mano y acompañadas de su certificado de autenticidad.

¿Dónde ha llevado su mirada?

Desde 2007, Tanzania y Kenia son visitas casi rituales: el cráter del Ngorongoro y las sabanas del este de África concentran buena parte de su archivo de vida salvaje. Namibia, Ruanda y Sudáfrica ampliaron el mapa; Islandia, Madrid, Roma, Brasil, Bolivia, Argentina, Venezuela, Colombia, Estados Unidos (USA), Turquía, y Nueva York le dieron otros silencios y otras multitudes; y Panamá, su tierra, sigue siendo el punto de partida y de regreso.

Ese camino se ha condensado en cuatro libros: ALADOS, dedicado a las aves — su título más vendido, y el círculo que se cierra con aquellos libros de ornitología de la infancia —; TERRA NOSTRA, paisajes de tres continentes; LA LIDIA, un registro documental del mundo taurino; y AFRIKA, vida salvaje y paisajes del continente más exuberante y hermoso del planeta. Hoy comparte además ese territorio con otros: organiza expediciones fotográficas a África, Islandia y Panamá, entre otros destinos.

¿Cuál es su compromiso?

El bienestar del animal está antes que cualquier fotografía. En el campo, eso se traduce en reglas que no se negocian: no se usan cebos ni llamadas, no se persigue ni se acorrala, y la distancia la decide siempre el animal. Se trabaja con guías y comunidades locales, se deja cada lugar como se encontró y se acepta, con naturalidad, que la mejor imagen es a veces la que no se toma.

La misma honestidad rige la pos-producción: sus imágenes se revelan, no se fabrican. Nada se añade que la naturaleza no haya puesto delante de la cámara.

Lo que me interesa no es documentar — es traducir. Traducir la paciencia de una manada al momento exacto en que la caza se decide; traducir la niebla, la hora azul, la última luz, a algo que pueda colgarse en una pared y seguir respirando. Fotografío para que lo salvaje tenga testigos. Porque nadie protege lo que no ha aprendido a mirar.

Cyril Joseph